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El contexto en la Terapia Física.

Una de las herramientas más eficientes para el tratamiento del dolor y las lesiones musculoesqueléticas es el Ejercicio Terapéutico. Sin embargo, conseguir que una persona lo incluya dentro de sus hábitos de cuidados en salud suele ser difícil.

Los fisioterapeutas y otros profesionales de la salud física a menudo elaboramos protocolos de ejercicio adaptados al problema de salud y, en un ánimo de abarcar todos los aspectos del estado físico que se pueden mejorar, nos envalentonamos y creamos series de ejercicios «súper completos» (en la teoría) que rara vez con realizados por la persona. Luego, las personas vuelven a la consulta medio disculpándose y con sentimientos de culpa por no seguir la terapia recomendada. Eso ayuda poco o nada.

Para que el ejercicio tenga un efecto considerable en los tejidos, hace falta practicarlo de manera frecuente (al menos 3 veces por semana) en un periodo de un mes y medio a dos meses como mínimo. Para algunas personas, este puede ser un desafío bastante sencillo, pero para otras puede ser un camino cuesta arriba; quien ha tenido a lo largo de su vida pocas experiencias de movimiento o ejercicio, personas mayores, con dolor crónico, con demasiado estrés, con poco tiempo libre, con depresión o estados de ansiedad pueden sentirse poco animadas o incluso agobiadas frente al hecho de aumentar su actividad física. Es decir, en la elaboración de protocolos de Ejercicio Terapéutico siempre se debe tener en cuenta el contexto de la persona, así como también sus preferencias en cuanto a movimiento y ejercicio.

La percepción del dolor también depende del contexto de la persona, entre otros factores, depende de la situación socioeconómica, del nivel de educación, del tipo de trabajo, de la cultura donde vive, de las experiencias previas de dolor, de la sensibilidad a distintos tipos de estímulos, del tipo de alimentación, de las comorbilidades, etc.

¿Qué hacer con una persona con dolor que nunca ha hecho nada de deporte, tiene hábitos poco saludables, que prefiere usar el coche antes que caminar, pero que busca ayuda para aliviar su dolor?. Por supuesto que no hay una receta mágica pero se puede partir conversando y sobretodo escuchando a la persona, tratar de entender su historia de salud y el contexto en el cual vive y, si está receptiva, entregar información (y no consejos) sobre los beneficios de las herramientas que planteamos para la terapia.

Si el contexto y la historia de vida no son favorables para implementar un protocolo completo de ejercicios, podemos comenzar indicando tres o cuatro ejercicios, que sean eficientes, que le resulten relativamente fáciles de hacer, de manera que no se frustre en el proceso, y quizás simplemente recomendar caminata diaria de 15 minutos.

Poco a poco, con amabilidad, se puede acompañar a las personas a cambiar sus hábitos de salud, conseguir alivio del dolor y mejorar la calidad de vida. Todo esto basado en la emoción de la confianza.

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