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La incertidumbre en los procesos de recuperación

El cuerpo humano tiene la capacidad de repararse a sí mismo. Aunque esta afirmación es una obviedad, muchas veces se pierde de vista y le resta efectividad a los procesos de recuperación.

En repetidas ocaciones me ha tocado atender a personas que me expresan frases como «arréglame el cuerpo», y no, nadie tiene la capacidad de arreglar a otro, no somos máquinas.

La comunicación que se establece con la persona es muy relevante. Además de escuchar activamente, se ha de explicar de la mejor manera posible los hallazgos encontrados durante las sesiones, los objetivos que plantearemos en el tratamiento y las herramientas que utilizaremos para tratar de conseguirlos.

Sin embargo, aunque tengamos nuestros objetivos claros y escojamos las herramientas adecuadas de tratamiento, no tendremos certeza de los resultados que obtendremos en el proceso terapéutico.

Los procesos de recuperación son multifactoriales, dependen de aspectos tan variados como el estado de salud general, la edad, el tipo de alimentación, el estado anímico, el nivel de educación, etc. Por lo tanto, la terapia física es sólo uno de entre varios factores y la relación entre éstos tampoco está del todo clara. Una terapia aplicada- en teoría- de la misma forma en una persona u otra, tendrá resultados que pueden ser muy diferentes. Es más, una misma terapia, aplicada a una misma persona en momentos vitales diferentes, también puede tener resultados más o menos eficientes.

En este sentido, el manejo de las expectativas, tanto de la persona como del terapeuta son fundamentales. Como nunca podemos tener la certeza de un resultado en concreto en rehabilitación, es sumamente importante considerar los siguientes aspectos:

– Realizar una evaluación inicial detallada, en la que además de los aspectos físicos y el historial de salud de la persona, se de un espacio de conversación donde la persona pueda expresar aquellas cosas que considere importantes.

– Explicar de una manera sencilla parte de la fisiología del cuerpo humano, tanto en condiciones normales como en condiciones de dolencia o enfermedad.

– Explicar y dialogar con la persona los objetivos terapéuticos.

– Explicar el motivo por el cual recomendamos una herramienta terapéutica.

– Considerar que para conseguir resultados consistentes, se necesita compromiso y un trabajo prolongado en el tiempo.

– Reevaluar durante el proceso y ser capaces de modificar tanto los objetivos, como las herramientas terapéuticas utilizadas.

Cuando somos capaces de comunicarnos con las personas de forma humana y transparente, reconociendo nuestras fortalezas y limitaciones, y dando espacio al otro para expresar todo lo que necesita en el momento, se generan relaciones de confianza, con corresponsabilidad, y se vive de forma más amable la incertidumbre de los procesos de recuperación.

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