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¡Cuidado!, te vas a caer

Durante la pasada temporada cálida solíamos estar mucho por la calle del pueblo, aquí viven algunos niños pequeños, más o menos de la edad de mis hijos y otros más grandes. Durante las tardes y en periodo vacacional de los niños, éstos y sus madres o cuidadores suelen pasear por el pueblo o juntarse a jugar en una plaza cerca de la iglesia, durante estos encuentros en la calle comencé a escuchar continuamente la frase «¡cuidado!, ¡te vas a caer!», dirigida a niños pequeños de alrededor de dos años y niños más grandes. En algunos casos se cumplía esta «profecía», el niño caía, y la madre o cuidador decía el clásico «¡te lo dije!».

En este sentido, yo intento interferir al mínimo cuando mis hijos exploran de manera motriz un espacio, muchas veces me invade el miedo que se puedan caer o hacer daño, pero intento observar sin decir nada y estar cerca en caso que necesiten ayuda. Mi hijo mayor, que ahora tiene 4 años, tiene una condición muscular que hace que sus músculos permanezcan en contracción un tiempo mayor a lo normal y les cuesta más relajarse, por este motivo, suele tropezar y caerse a menudo, desde muy pequeño rara vez lo ayudo a levantarse, a menos que lo vea afligido y me pida ayuda; ahora incluso se ríe y dice «¡me caí otra vez!». Mi hija de dos años en cambio es muy hábil en lo motriz, aprendió a caminar, correr, saltar muy pequeña y disfruta mucho experimentando con sus límites. A pesar de sus diferencias ambos son muy prudentes, yo veo que cuando sienten miedo en una nueva experiencia no dudan en pedirme ayuda, hasta ahora, han sufrido caídas, algunas más fuertes que otras, pero no se han hecho un daño demasiado grande. Cuando el miedo me supera y siento que se pueden hacer daño les digo algo que aprendí de mi querida Yvonne Laborda, les digo que YO siento miedo porque se puedan caer o hacerse daño, o que pienso que quizás eso que hacen puede ser algo peligroso.

Pienso que es muy importante la manera en que decimos las cosas, tanto a los niños, a los otros, o a nosotros mismos. El decir a un niño que se va a caer, es como no dejar espacio a otra cosa, pienso que les transmitimos un miedo que es nuestro y no de ellos y que interrumpe la concentración necesaria para realizar adecuadamente aquello que están haciendo, pienso que muchas de esas caídas o accidentes pasan más por esa interrupción al niño que por el niño en sí. Dejar a los niños moverse en libertad es algo necesario para que desarrollen adecuadamente su motricidad y puedan aprender poco a poco dónde están sus límites.

La palabra en el ser humano es fundamental, vivimos en el lenguaje y según cómo lo utilicemos generaremos una realidad u otra. Si, por ejemplo, decimos a nuestros hijos o a nosotros mismos que no son buenos para alguna cosa, estamos creando esa realidad, en el caso del niño es aún más intenso, porque los padres somos su principal referente, y éste asumirá esa realidad que se está nombrando. Recuerdo que cuando yo era niña mi madre y algunos profesores nombraban que yo era mala para las manualidades y mi madre terminaba haciendo muchos de los trabajos que me pedían en el colegio, así crecí convencida que no podía ni enhebrar una aguja hasta que nació mi hija Nina, un día me fui con mis dos hijos y mi perro a comprar lanas y ganchillo y durante su primer mes de vida tejí una hermosa manta que ahora mis hijos utilizan como una pequeña alfombra. Ver, usar, lavar esta manta me recuerda constantemente que puedo hacer todo eso que me proponga, que no soy mala para nada, simplemente me han faltado oportunidades y confianza para hacer muchas cosas.

Te invito a poner consciencia en cómo te comunicas con tus hijos, con tu pareja, con tus amigos o contigo mismo/a. Cada mensaje que expresas llega a cada célula de esa persona y genera una nueva realidad, porque en nosotros todo es comunicación.

 

4 comentarios en “¡Cuidado!, te vas a caer”

  1. «es como no dejar espacio a otra cosa». Diseñar la realidad y la potencial realidad futura del que crece junto a ti. Con Ignacia, hoy ya 9, siempre me ha parecido comentarle sobre mi miedo, mi contexto y cómo mi historia de vida va «fastidiando la percepción de mi entorno hoy». Eso la ha hecho comprender el contraste de contextos, lo que genera y valorar mucho el propio. Y le damos duro a esos decretos de inutilidad con un juicio crítico a toda la situación.

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    1. Cuánta consciencia leo en tus palabras querido amigo! Ignacia tiene la fortuna de tenerte como padre, siempre reflexionando sobre la vida y en constante crecimiento. Les envío a los tres un abrazo lleno de amor. Gracias por estar aquí Jorge.

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  2. Mi hijo es sumamente hábil motoramente, hábil y osado con tres años de edad, menuda mezcla! Nunca se ha hecho daño y yo me preocupo en muchísimas menos ocasiones que lo que lo hacen otros. Muchas veces creo que es la mezcla de mamá que conoce muy bien a su hijo y kinesióloga , la que hace que tenga una sensación muy simbiotica con los movimiento que él ejecuta. Es como tener una representación motora interna de los actos moteres de él… es mucha deformación profesional yo creo, pero lo he sentido tantas veces que creo que es real y a la larga una ventaja para la crianza con libre exploración. Un abrazo Vero!

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    1. Pauli, que maravilloso lo que compartes, una fusión profunda, un respeto y confianza en tu hijo, a mi me pasa algo similar a lo que comentas sobretodo con mi hija pequeña, gracias porque le estás poniendo palabras a un sentimiento. Me alegro muchísimo que estés disfrutando de tu experiencia de madre-kinesióloga, un aprendizaje profundo, maravilloso y transformador. Te envío un abrazo desde mi corazón.

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