El cuerpo no funciona únicamente en función de cuánta energía tiene disponible, sino de cómo puede utilizarla. Entre el potencial energético y su transformación aparece la resistencia, una variable clave que determina el coste de cualquier proceso. Cuando esa resistencia es adecuada, el sistema responde y se adapta. Cuando aumenta en exceso, el coste se eleva y aparecen síntomas como fatiga, dolor o falta de claridad. Entender el estado del sistema desde esta relación permite tomar decisiones más precisas y dejar de interpretar el malestar como un fallo, para empezar a leerlo como una señal.